México tiene trabajadores, pero no talento especializado: el costo económico de no educar a los adultos.


México tiene una fuerza laboral masiva, joven y culturalmente trabajadora, pero con un déficit formativo que limita su potencial económico y su capacidad para adaptarse a un mercado laboral en constante transformación.
El Banco Mundial, la OCDE y la CEPAL coinciden en un punto: la falta de educación continua es una de las principales causas de la baja productividad mexicana.
En un mundo donde la tecnología avanza a una velocidad sin precedentes, los trabajadores que no actualizan sus habilidades quedan rezagados, los salarios permanecen estancados y la productividad no mejora.
El 54.8% de la fuerza laboral se encuentra en la informalidad, un segmento caracterizado por baja capacitación, escasa tecnificación y poca movilidad social.
Cuando un país no invierte en capacitar adultos, condena a su economía a operar con un capital humano débil, dependiente y de baja productividad.
Para los adultos que no tuvieron acceso oportuno a estudios formales, la educación continua es una oportunidad real de movilidad económica.
SIN UNA ESTRATEGIA NACIONAL DE EDUCACIÓN CONTINUA, MÉXICO CORRE EL RIESGO DE PERDER INVERSIONES FRENTE A PAÍSES QUE SÍ ESTÁN FORMANDO TALENTO TÉCNICO A GRAN ESCALA.


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